Tener valor y afrontar el miedo, enfrentarse
con uno mismo y decir: está bien, la vida es una realidad y las personas se
pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la
felicidad. Ser capaz de asumir que estando solo, no perteneciendo a nadie, tú
mismo te creas una jaula en la que te encierras, y no importa donde vayas, no
importa a dónde huyas, pues siempre tropezarás contigo mismo. Esto lo aprendí
de mi película favorita, quizá por eso lo sea, por lo que aprendí de ella.
También aprendí de un maestro, el que compuso esas letras que forman una
de mis canciones preferidas, que es cuando tú estás cuando soy yo, cuando
siento la verdadera felicidad, cuando siento la vida en estado puro, cuando sé
apreciar cada uno de los detalles, cuando lo demás no importa, y sin embargo,
aunque te vayas, desaparezcas, permanezcas ausente, no demuestres, sin
embargo... sin embargo...
Pues eso, que nunca os olvidéis de
demostrar, que es lo más importante en esta vida, que las palabras se las lleva
el viento y que los actos siempre contarán y quedarán escritos en el futuro, en
la memoria y en el corazón. Que la vida hay que mirarla de forma positiva, que
hay que saber qué quieres y qué no quieres, marcar diferencia, hacerse
valer, luchar hasta el final por lo que realmente importa, seguir
intentándolo y no desistir, no mentir, ser honesto, valorar y madurar, pero no
dejando atrás el país de Nunca Jamás.
Que lo más inmenso en este mundo es la
reciprocidad, los sentimientos mutuos, el amor, la confianza. Y que pasar
página nunca es malo si eso es mejorar el presente. Sabedlo también.


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