Aprendí a mirar la vida con cierto
sentido del humor, sin extremos ni mitades, porque a veces te apetece un
término medio pero muchas otras quieres todo o nada y, para ser honesta, me
decanto más por esto último, aunque no sé si me gusta o si es lo mejor, pero lo
es...la montaña rusa que sube y que baja, que a veces se detiene en ciertos
puntos y te permite respirar y cobrar el sentido, la seguridad, abrir los ojos
y darte cuenta de que vas subiendo poco a poco, lentamente pero asciendes, te
sientes bien pero sabes que implicará una caída, y no una cualquiera, sino
rápida y grande, sobre todo cuanto más te eleves. Aprendí también que en eso se
basa todo nuestro mundo, y que las atracciones aburridas no tienen tanta
demanda, al menos para personas como yo. Aprendí a saber ser siempre positiva,
a mirar detrás de las nubes negras, a hacer de las tormentas algo precioso e
inexplicable, la verdad es que me encantan esos días de truenos, lluvia y frío
que casi todo el mundo odia. Aprendí a admirar los pequeños detalles, los que
hacen los sentimientos mucho más grandes día a día, aprendí a saborear el
placer de escuchar buena música, de oír la risa de una niña o de ver una pareja
de ancianos que aún se necesitan y se quieren. Aprendí a considerar todas las
buenas moralejas que las películas y los libros nos dan, los consejos de las
personas que saben darlos, las miradas especiales, a marcar la diferencia, a no
saber poner punto y final, sino punto y aparte, ¿por qué no? nadie sabe qué nos
depara el futuro y, como ya dicen, nunca digas nunca. Aprendí a saber enseñar,
aprendí a valorar todo más cada día, a querer disfrutar cada segundo, aprendí a
apreciar las buenas cosas de la vida y a separar aquellas que no convienen,
aunque siempre hay una pequeña debilidad presente de la que cuesta separarse. Aprendí
a que no es mañana, ni el mes que viene, sino hoy, ahora, en este mismo
momento, todo se basa en eso. Aprender no es fácil, es precioso, un poco
difícil según el proceso que conlleve, pero es lo que nos hace crecer como
personas cada día. Aprendí muchas cosas, pero aún me quedan muchas otras, como
jugar al ajedrez, tocar la guitarra, saber cocinar mejor o ignorar los
comentarios de la gente que deberían ser indiferentes. ¿Sabéis que aprendí muy
pero que muy bien? Mis valores, mis principios, mis ideas, mi forma de sentir y
de querer, mi manera de ser, mi personalidad. Y lo demás, ya irá pasando. El
problema radica en que lo que nunca creo que aprenderé será en dejar de
quererte.

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