Aprendí a mirar la vida con cierto
sentido del humor, sin extremos ni mitades, porque a veces te apetece un
término medio pero muchas otras quieres todo o nada y, para ser honesta, me
decanto más por esto último, aunque no sé si me gusta o si es lo mejor, pero lo
es...la montaña rusa que sube y que baja, que a veces se detiene en ciertos
puntos y te permite respirar y cobrar el sentido, la seguridad, abrir los ojos
y darte cuenta de que vas subiendo poco a poco, lentamente pero asciendes, te
sientes bien pero sabes que implicará una caída, y no una cualquiera, sino
rápida y grande, sobre todo cuanto más te eleves. Aprendí también que en eso se
basa todo nuestro mundo, y que las atracciones aburridas no tienen tanta
demanda, al menos para personas como yo. Aprendí a saber ser siempre positiva,
a mirar detrás de las nubes negras, a hacer de las tormentas algo precioso e
inexplicable, la verdad es que me encantan esos días de truenos, lluvia y frío
que casi todo el mundo odia. Aprendí a admirar los pequeños detalles, los que
hacen los sentimientos mucho más grandes día a día, aprendí a saborear el
placer de escuchar buena música, de oír la risa de una niña o de ver una pareja
de ancianos que aún se necesitan y se quieren. Aprendí a considerar todas las
buenas moralejas que las películas y los libros nos dan, los consejos de las
personas que saben darlos, las miradas especiales, a marcar la diferencia, a no
saber poner punto y final, sino punto y aparte, ¿por qué no? nadie sabe qué nos
depara el futuro y, como ya dicen, nunca digas nunca. Aprendí a saber enseñar,
aprendí a valorar todo más cada día, a querer disfrutar cada segundo, aprendí a
apreciar las buenas cosas de la vida y a separar aquellas que no convienen,
aunque siempre hay una pequeña debilidad presente de la que cuesta separarse. Aprendí
a que no es mañana, ni el mes que viene, sino hoy, ahora, en este mismo
momento, todo se basa en eso. Aprender no es fácil, es precioso, un poco
difícil según el proceso que conlleve, pero es lo que nos hace crecer como
personas cada día. Aprendí muchas cosas, pero aún me quedan muchas otras, como
jugar al ajedrez, tocar la guitarra, saber cocinar mejor o ignorar los
comentarios de la gente que deberían ser indiferentes. ¿Sabéis que aprendí muy
pero que muy bien? Mis valores, mis principios, mis ideas, mi forma de sentir y
de querer, mi manera de ser, mi personalidad. Y lo demás, ya irá pasando. El
problema radica en que lo que nunca creo que aprenderé será en dejar de
quererte.
lunes, 11 de agosto de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
Crucero por el Mediterráneo
Hola!!! Cuantísimo tiempo hace que no
actualizo, pero los que me conocéis ya sabéis que estoy súper liada con el
trabajo final de la universidad y ahora que he parado un ratito me he propuesto
enseñaros fotitos de mi crucero por el Mediterráneo del que vine hace apenas
una semana, porque son unas fotos preciosas y no podía dejar de mostrarlas al
mundo!
Fueron unos días espectaculares,
cargados de nervios antes de embarcar, y llenos de cansancio y nostalgia
después, a la hora de la vuelta, como no podía ser de otra forma, pero hemos
disfrutado muchísimo de cada uno de los días, de las ciudades, de los compañeros,
del personal tan maravilloso que nos atendió, de las fiestas, de los monumentos
y de todo en general. Creo que no hemos podido elegir un destino más bonito y
acorde a nuestra carrera porque hemos tenido esa parte de fiesta y locura que
tanto anima a los universitarios a elegir otros lugares, pero también hemos
podido disfrutar de la parte cultural de cada uno de los sitios, como futuros
docentes que vamos a ser. Los dos primeros días desde Barcelona hasta el barco,
estuvimos navegando y se hizo muy ameno gracias al equipo de animación que tan
bien nos lo ha hecho pasar, tanto por el día en la piscina como por la noche en
la discoteca. Íbamos rumbo a Túnez, donde llegamos el lunes y donde pudimos
apreciar una nueva cultura extraordinaria, edificios con perfectos detalles
orientales y gente desconocida e interesante, cargado a su vez de mucha pobreza
pero con el consuelo de ver a los niños y niñas ir al colegio. El martes
pisamos Italia, Nápoles, primero en la maravillosa Pompeya, ciudad derrumbada y
protegida bajo cenizas del volcán Vesubio, no creo que sea necesario decir que
nos quedamos con la boca abierta mientras caminábamos por sus calles y las
historias que la guía nos iba contando se iban adueñando de nuestra mente y
nuestra imaginación retrocedía a esos años lejanos que allí parecían tan
presentes. Lo que más me impresionó fue poder ver figuras y cadáveres humanos
reales fosilizados después de que la lava y el fuego les hubiera cubierto,
personas con la boca abierta, cogiéndose las rodillas o la cabeza, protegiendo
a sus hijos y a sus hogares, animales aterrorizados; en definitiva, Pompeya
tiene esa parte espeluznante que, al mismo tiempo, hace que sientas esa magia
tan especial. Por la tarde pudimos disfrutar de la ciudad de Nápoles y de probar
las famosas pizzas italianas. De vuelta al barco tuvimos una noche estupenda
porque todas y cada una de las personas allí íbamos disfrazadas para disfrutar
de una noche de carnaval, la verdad es que, para mí, fue la mejor noche, sin
duda, porque lo pasamos genial haciendo el tonto. Nosotras íbamos disfrazadas
de algo así como rockeras o punkies! No quiero ni contaros cuánto nos costó
levantarnos al día siguiente, claro que saber que vas a pisar la magnífica
ciudad de Roma hace que levantarse de la cama después de tres horas escasas de
sueño no sea tan difícil. Y para qué decir lo que Roma nos transmitió… sin
lugar a dudas es una ciudad digna de apreciar y de ver al menos una vez en la
vida, yo ahora tengo por seguro que volveré, después de haber pedido mi deseo
de DOS monedas en la Fontana di Trevi, que fue una de las cosas que más me
gustó, y el momento en el que más me acordé de ti… También visitamos el
grandioso Vaticano, la plaza de San Pedro nos parecía de sueño de lo inmensa
que era y de la cantidad de gente concentrada que pudimos ver allí, pero no
salí del todo contenta, pues apenas pude ver la mitad de las cosas que me
hubiese gustado. Florencia al día siguiente me dejó incluso, un mejor sabor de
boca, porque alberga en sus calles y en sus edificios un encanto único que
ninguna de las otras ciudades me había transmitido. La catedral no puede ser
más bonita e impresionante, pero, al igual que en las otras ciudades, supe que
tenía que volver a pisarla para ver miles y miles de cosas que me hubiese gustado
visitar. Por la tarde nos tomamos un helado delicioso mirando las bonitas
vistas de la torre de Pisa y de su catedral y basílica al lado, sentadas en el
césped y haciéndonos miles de fotos, y volvimos al barco muy cansadas, como era
de esperar. Y por último, el viernes fuimos de esos pocos valientes que,
después de la noche ibicenca del día anterior, hicimos el esfuerzo de
levantarnos porque no podíamos quedarnos sin ver la ciudad con más glamour,
Mónaco. También nos dejó fascinados después de poder comprobar que los coches
que por allí circulan, sobre todo cerca del Casino de Montecarlo, estaban
lejísimos de nuestro presupuesto económico y de nuestras expectativas, pero al
menos nos alegramos la vista! También nos hizo mucha ilusión visitar la curva
de la Fórmula 1. Después volvimos al barco y pasamos nuestra última noche
navegando por aguas mediterráneas.
La verdad es que repetiría sin dudarlo y
que espero volver a hacer un crucero alguna vez en mi vida, sin olvidar la
biodramina!!
Aquí os dejo las fotos! Un beso enorme
:)
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