Capaz, de enamorarte cada día
Capaz, de dejarte exhausto cada
noche
Capaz, de no dejarte escapar
Capaz, de huir hacia delante, a
caballo
Capaz, de mojarme bajo la mayor
tormenta
Capaz, de hacerte brillar
Capaz, de proponer mil retos
Capaz, de cumplir
Capaz, de locos viajes
Capaz, de alquilarte mi regazo
Capaz, de poner a prueba todos
nuestros sentidos
Capaz, de relamerte las heridas
Capaz, de perder las formas, las
maneras, la ropa
Capaz, de abrazarte cada vez como
si fuese la última
Capaz, de pasar de turista a
residente
Capaz, de tú y yo
Capaz
Capaz
de morder el agua, acariciar un amanecer, respirar la ilusión, beber agallas,
masticar la energía que me das, compartir mi almohada aunque me encante cogerla
entera para mí, o dejar que duermas en el lado de la pared aunque nos guste a
los dos por igual, mientras sea tú la persona que duerme a mi lado, ofrecerte
mis últimas gotas de agua en mitad del desierto, cederte todas mis prendas en
un día frío de invierno, porque se apodera de mi cuando noto tu piel de
gallina, y se esfuma cuando se que eres tú el que está calentito, ese frío que
no tiene nada que ver con un proceso físico, es otro tipo de frío, frío en el
corazón. ¿A quién le importa quedarse sin nada mientras estés tú? ¿Qué importa
el resto del mundo? ¿Qué sentido tiene tener todo si no puedes compartirlo? Ser
feliz, depende de muchas cosas, pero lo primordial, esencial, importante,
necesario, lo que domina, lo que es crucial, fundamental, preciso, imprescindible
e insustituible es poder regalar tu felicidad a esa persona que ocupa tu
mente, esa persona que sabes que merece la pena, la que quieres que permanezca
el resto de tu vida. Y me da igual las cuatro de la tarde en mitad de una
siesta, las seis de la mañana en medio de un madrugón o las cinco de la noche
en la mejor fiesta del mundo, si el motivo eres tú.
Feliz
Domingo
