Ver
amanecer. Relajarse delante del mar mientras escuchas las olas y la brisa
acaricia tu cara. Desear tu futuro viendo cómo unos padres son felices con su nuevo
bebé. Reír hasta que duelen los hoyuelos formados en tus mejillas. Recordar viejas
anécdotas y sonreír nostálgicamente. Darse un baño relajante, sin prisa. Ir andando
por la calle, acordarte de algo gracioso o bonito y darte cuenta de que sonríes
como una estúpida, pero como una estúpida feliz. Pasar días, semanas e incluso meses planeando
un día esperado, vivir ese día con la mayor ilusión. Tomar un chocolate
caliente un día lluvioso y frío. Quitarte los zapatos después de una noche de fiesta
y desplomarte en la cama, sin importar la ropa o el maquillaje. Escuchar miles
de veces tu canción favorita. Ver a una amiga que no veías desde hace meses. Animar a alguien para que se atreva a hacer
lo que en realidad quiere conseguir. Pasarte mucho tiempo hablando por teléfono
y que no acabe la conversación. Estrenar ese vestido nuevo tan bonito y que te
quede genial. Aprobar ese examen que tanto te había costado estudiar y sentirte
orgulloso de ti mismo. Defender lo que quieres, por encima de todo. Soñar al
leer un poema o un libro. Sonreír como una boba al leer ese mensaje. Bailar como si no hubiese un mañana.
Enamorarse. Despertar y darse cuenta de
que aún queda mucho tiempo para dormir. Soñar algo bonito. Un abrazo en el
momento justo que necesitas. Un plan improvisado. Mirar a una pareja de ancianos
de la mano mientras pasean. Recibir un
beso en la frente de tu madre a la vez que te arropa justo cuando empezaba a
darte frío. Levantarse y saber que tienes a esas personas que te quieren. Jugar
como una cría con tus primos pequeños. Ejercer el trabajo que en realidad te
hace feliz. Cumplir tus metas, establecer objetivos, sonreír a la vida, eso es
vivir.


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